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Prudencia

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15 abril, 2023

Una palabra que se ha hecho notar.

En reflexiones anteriores escribí –no sé si lo recuerdas– que lo nuevo siempre pide prudencia.

Mencioné la palabra de manera superficial y siguió apareciendo de tal forma, que no podía ni que quisiera dejar de mirarla.

Tanto, que una mañana iba entrando a una oficina bancaria y un señor que salía me comenta: ten mucha prudencia, hay reformas.

La amable pronunciación de aquel señor dejó una estela de energía que trajo a mi mente algunas etapas de mi vida en las que sentí que había sido excesivamente prudente y, en otras, desmedida.

¡Esa fue mi primera impresión!

No muy convencida, procuraba más información. En ese intento de introspección -dentro de mi propia cotidianidad- me pregunté:

¿Era de verdad, prudencia y/o descuido?

Había detrás un juego de palabras. Significados que no concordaban con lo real.

Mi mente seguía latente. Después de echar la vista atrás con unos ojos renovados pensaba que no se trataba de un actuar prudente de mi parte.

  • Que la actitud que sostuve por mucho tiempo no estaba regida por una verdadera prudencia.
  • Que lo que me sostenía -a ciegas- en esa circunstancia, sin reflexión y en sumisión a lo que vivía, sin permitirme otra forma, era el sistema de creencias, lo que para esa generación era válido.
  • Mantenerme allí no obedecía a que era prudente como lo había pensado; por el contrario, estaba en un círculo repetitivo en el cual ni siquiera me planteaba la salida no por prudente sino, porque era la única forma que conocía.

De igual forma, a lo que en principio llamé “descuido”. En las áreas en las que dije que había sido lo opuesto a lo que llamaba prudencia, mi comportamiento no era tal, era también la manera copiada del sistema.

Aunado a la falta de conocimiento, la carencia de información y de abrir mi visión a un campo más amplio de posibilidades a las que tenía a simple vista. Mucha ignorancia.

Pero, no quisiera pasar por alto el recuerdo de situaciones en las que me dejé llevar por una energía intuitiva en las que, si bien había previsión acompañada de una fuerza atrevida en la que el miedo estaba presente, este no llegó a paralizarme.

Sin saber de resultados aposté a lo que sentía divino y gratificante vivir.

Es tan solo un ejemplo de lo que una palabra puede mostrarnos:

  • Te lleva a una reflexión que se traduce en aprendizaje a través de tus propias vivencias.
  • Te das cuenta de que lo que creías que era, nunca fue.
  • Que lo que llamabas de una forma no era tal y que es posible que ponerle un nombre te brindara algún alivio o justificación.

En aquel momento, actuaba bajo lo que sabía. Como me habían mostrado que era lo normal, lo correcto.

¡Que útil es resignificar las palabras!

La vida se dibujaba así frente a mis ojos y yo no tenía ni buscaba otra forma de mirar.

Con el paso de los años he aprendido a mirar más allá.

He aprendido a seguir la visión del corazón.

He comprobado que no hay verdades absolutas, que no hay una sola forma de hacer las cosas, que la expresión del ser es expansiva y, ante todo, evolutiva.

Que estamos hechos para progresar y en este camino la intuición es fundamental.

Desde mi experiencia, justo en los aspectos de mi vida en los que me dejé llevar en conciencia por un lenguaje silencioso que desde el corazón me decía que siguiera sin saber de razones son en las que he tenido grandes bendiciones y mínimas equivocaciones.

Detenernos en el sistema y escucharnos. Allí siempre hay una guía.

El mundo no espera. Seguir su energía natural es ir a la par.

Me encantaría leerte. Comparte conmigo lo que sientes; y, si quieres contribuir, comparte estas reflexiones con quien creas, pueda servirle.

Buen domingo.