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Un aeropuerto es sin duda un punto de movimiento

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15 abril, 2023

No solo por lo que implica el traslado de un lugar a otro sino por todo el remolino que conlleva -desde el punto de vista emocional- el hecho y el motivo de estar allí.

Un espacio en el que no solo aterrizan y despegan aviones sino las emociones incrustadas en los viajeros que se disponen a emprender nuevos rumbos.

Pocas son las palabras que se articulan.

En cada rostro se relata una historia. Se refleja una mente que no para de pensar el dejar donde está, e imaginar el punto al que llegará.

Hay caras de alegría, de entusiasmo. De desasosiego, de no saber de razones. En algunos, de tristeza marcada por las despedidas; y, en unos de esperanza porque pareciera que algo finaliza para iniciar una nueva vida.

Se siente que algo acaba. La incertidumbre se apodera.

Recordaba cuando de niña amanecía en un aeropuerto y despertaba en un sitio muy lejano a casa. Me impresionaba que en un abrir y cerrar de ojos todo era distinto.

Percibo que se trata de una sensación que viene con la distancia. Aquello que no vemos nos lleva a creer que lo que se vive es lo único real.

Que lo válido y correcto es como lo hemos aprendido. Que no hay otra forma.

Basta con moverse y abrir la mirada en un lugar diferente para darnos cuenta que más allá de lo que conocemos hay un mundo tan real como el nuestro.

Dichosa me siento de haber podido vivir ciertos contrastes que han aumentado mis ganas de conocer más. De aprender de otras culturas para así identificar con cuál me siento en hogar conmigo.

Tan dichosa como tal vez, pueda sentirse quien nunca se ha movido de su lugar de origen como mi abuela materna por ejemplo, que ni de visita estuvo en un aeropuerto ni conoció otro puerto.

Estuvo en su única realidad con una actitud de plenitud que nunca imaginó ni sintió curiosidad por un mundo distinto.

¡Así la recuerdo!

Es cuestión de perspectiva claro está, pero reconozco que hay una fuerza interna con una sabiduría que carece de racionalidad que a muchos ha impulsado a dejar el camino ya conocido para transitar nuevos rumbos, que no hay forma de ignorarla.

Hay personas que la vida los ha llevado a moverse con la convicción de que es, en ese desplazamiento en el que llegarán a conocer su más íntimo significado.

El tiempo es breve y el mundo de posibilidades infinito.

Limitarse, cuando la brújula interna marca otras direcciones es anclarse a lo conocido y rechazar las tantas opciones que merecen ser probadas con responsabilidad para sentir la humanidad en todas sus manifestaciones.

Moverse y/o quedarse en el espacio donde aflore la gratitud es tal vez el secreto de la plenitud.

Que vivan los finales. Los nuevos comienzos que hoy facilitan los aeropuertos.

¡Es cuestión de atreverse a despegar y a aterrizar con la maleta de emociones!

Por ahora, no hay límites de vuelos… a moverse con intención, con el aprendizaje adquirido en cada recorrido, hasta llegar al lugar que se sienta que ahí es.

Buen domingo.